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Tu IA, dentro de la web de otro: dos líneas y ni una cuenta

Pegas dos líneas en tu web y tienes un asistente que contesta con tus documentos, recoge contactos y te avisa de lo que no supo responder. Sin registro para quien pregunta. Contamos cómo se hace seguro, y un fallo de configuración que habría funcionado perfectamente en nuestras pruebas y roto en la web de todos los clientes.

Dos líneas de código y la ventana del asistente contestando a un visitante con la información del negocio

La idea es vieja y casi siempre está mal resuelta: un asistente en tu web que conteste a tus visitantes. Lo que suele fallar no es la IA — es todo lo demás. Que haya que registrarse para preguntar. Que conteste generalidades en vez de lo tuyo. Que nadie se entere de las preguntas que no supo responder.

Lo hemos montado intentando que esas tres cosas no pasen.

Dos líneas, y ya

La instalación es una etiqueta de script con tu identificador. Eso es todo: ni paquete que instalar, ni servidor que levantar, ni pasos de configuración. La ventanita aparece en la esquina y se puede abrir.

Y quien pregunta no tiene que registrarse. Esto parece un detalle y decide el resultado entero: pedirle una cuenta a alguien que solo quería saber si hacéis envíos a Canarias es pedirle que se vaya.

Contesta con lo tuyo

Un asistente que responde generalidades no sirve para nada: para eso ya está cualquier buscador. El de GarBotGPT responde a partir de tu documentación — lo que hayas subido, lo que tengas escrito, lo que de verdad sabes de tu negocio.

Se le pueden poner límites: cuántas preguntas por visitante, qué temas trata, qué hace cuando no lo sabe. Y ahí hay una decisión de fondo que preferimos dejar clara: más vale que diga que no lo sabe a que se lo invente. Un asistente que improvisa horarios de atención hace más daño que uno que responde "eso no lo tengo, te paso el contacto".

Recoge contactos y avisa

Cuando alguien muestra interés de verdad, el asistente puede pedirle el correo. Ese contacto te llega a ti, no se queda en un limbo.

Y desde hace poco hay dos cosas más:

  • La persona que deja sus datos recibe un acuse. Un correo corto diciendo que se han recibido y que alguien contestará. Sin eso, el visitante no sabe si ha funcionado — y escribe tres veces por si acaso.
  • Tú recibes un resumen de lo que ha pasado y, sobre todo, de lo que el asistente no supo responder. Esa lista es el dato más valioso de todo el sistema: son las preguntas reales de tus clientes, con sus palabras, y te está diciendo exactamente qué falta en tu documentación.

El fallo que no habría salido en las pruebas

Aquí viene la parte interesante para quien haya montado algo parecido.

Un asistente que se incrusta en otra web se sirve dentro de un marco. Y los navegadores solo dejan que una página se muestre dentro de otra si la primera lo autoriza expresamente, diciendo en qué dominios admite aparecer.

Nuestra configuración global tenía una regla razonable para toda la aplicación: "solo dentro de mi propio dominio". Es la respuesta correcta para el 99 % de las páginas, y para esta era exactamente la equivocada.

Lo importante es cómo habría fallado: en nuestras pruebas, el asistente se carga dentro de nuestro propio dominio, así que esa regla se cumple y todo funciona. Habría pasado cualquier prueba local. Y habría estado roto en la web de todos los clientes, sin excepción, desde el primer minuto.

Se detectó leyendo, no probando — había un comentario en el código, de otra función anterior, avisando de este mismo escalón. Ese comentario ahorró un incidente entero.

Es el argumento más fuerte que conocemos a favor de escribir en el código por qué se hizo algo, y no solo qué hace.

Y un segundo escalón

Hubo otro parecido: el archivo que se carga desde fuera tiene extensión .js, y nuestro filtro de rutas protegidas no contemplaba esa extensión entre las públicas. Resultado: la petición del script acababa redirigida a la pantalla de inicio de sesión.

Otra vez el mismo tipo de error — no en la lógica del asistente, sino en el borde entre el asistente y el resto del sistema. Los bordes es donde vive casi todo lo que falla.

Para quién es

Para cualquiera que tenga una web y reciba las mismas preguntas todos los días. El asistente no sustituye a nadie: se come las diez preguntas repetidas y te deja las que de verdad necesitan una persona.

Y lo que más nos gusta no es que conteste. Es que, al final de la semana, te diga qué no supo contestar.

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